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Mo Joe’s, Lindora.


Mops, les cuento mi caso:
Resulta ser que hoy fui a almorzar al nuevo restaurante de hamburguesas,Mo Joe’s, en Lindora. Hice mi pedido, y me fui a sentar esperando a que me llamaran.
Esperé más de media hora por mi hamburguesa. Se les había olvidado.

La cajera ofreció devolverme la plata y regalarme la comida, pero… sea como sea, están empezando y tienen que salir con gastos, entonces le dije que lo dejáramos así. Todo bien.

Cuando terminé de comerme la hamburguesa, llegó muchacha a devolverme el monto que pagué, ofrecer disculpas, y con un batido de cortesía. 

Que fue un error el haberme hecho esperar tanto tiempo, lo fue, pero personalmente valoro mucho la humildad en este tipo de casos.
En lugar de perderme como cliente, hicieron todo lo contrario: me ganaron a mi, a mi familia, y a muchas de las personas que me pregunten por el restaurante.

En cuanto a la calidad de las hamburguesas: di, son buenillas…
Eso es todo, ‘chas gracias.


La vida no está para regalar

vía holamemoria:

Siempre es mejor comerse las 4 cremitas que dos de chocolate y una de vainilla. El polvito de las Picaronas sabe mejor si uno se come el paquete completo, y el hueso blanco de la pechuga de pollo no es negociable.

Todos cargamos en la conciencia haber sido testigos de cómo alguien venía dándolo todo para que no lo dejara el bus, que en ese momento arrancara, y que no dijéramos nada. Nada, ni siquiera tocar el timbre para que el chofer volviera la nuca.

No hay persona en este mundo que haya obedecido fielmente a la instrucción de la “doble filita hasta al final”, aún cuando algún cristiano vaya guindando del ala del chofer. Por alguna fuerza animal, nos dan ganas de dispararle a la persona que mete sus ojos en nuestro periódico.

Abundan los closets con prendas en la categoría “me podría servir para_____” (complete con una actividad a la que nunca va a ir). Las bibliotecas con libros que han vuelto a las polillas en unas completas intelectuales. Y en todas las alacenas hay alguna lata vencida.

Desde la escuela siempre hubo dos tipos de alumnos: los que eran súper ágiles estirando el cuello y los que aplicaban abrazar el pupitre aunque les diera dolor de espalda toda la semana de exámenes.

Los tiempos del Wireless sin contraseña pasaron a la historia. Igual que poner los sobros de la comida en la entrada de la casa para alimentar a los zaguates.

Nos da por sentirnos altruistas dos veces al año: cuando es la colecta de Un Techo Para Mi País, que nos ponemos pelucas, brincamos y de paso posamos para las fotos. Y la segunda, es en diciembre, el clásico de todos los tiempos: la Teletón, total, ¿quién le puede decir no al animado de Edgar Silva o al carisma de Los Rabanes?

De por sí, los que tienen hambre viven en Somalia. Los pobres son pobres porque no quieren trabajar. La vida no está para regalar. En realidad, nunca lo ha estado.